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Hora santa

HORA SANTA 2015

La propuesta es leer los textos evangélicos de la agonía de Jesús. Y luego escuchar o cantar las canciones de la Hna. Glenda:

Primero Marcos, (Mc. 14, 32-42)

Por qué tengo miedo si nada es imposible para Ti.

Por qué tengo miedo si nada es imposible para Ti.

Por qué tengo miedo si nada es imposible para Ti.

Por qué tengo miedo si nada es imposible para Ti.

Por qué tengo duda si nada es imposible para Ti

Por qué tengo duda si nada es imposible para Ti

Enséñame a querer,

Enséñame a perdonar,

Enséñame a orar.

Tú venciste a la muerte.

Tú estás entre nosotros.

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Tu siempre me has dicho

cómo he de vivir.

No lo veo tan claro,

me es difícil morir.

En mis ojos hay miedo,

no me atrevo a mirar,

otra vez me estremezco

si me paro a pensar.

Libera tus miedos,

arriésgate a amar.

Da tu vida por otros,

una luz en la oscuridad.

Entrega tu carne,

solo tu bastaras.

Un millón de desiertos

no harán echarme atrás.

En la luna hay un llanto por tu mirar,

en las venas la sangre quiere escapar.

Difícil momento el del amar

o escapar con mentiras de la verdad.

Libera tus miedos,

arriésgate a dar.

Una mano tras otra

caben cientos si es que das.

Entrega tu carne,

solo tu bastarás.

Un millón de desiertos

no harán echarme atrás.

Un millón de desiertos

no harán echarme atrás.

Después Lucas (Lc 22, 39-46)

Hágase en mi

hágase en mi según lo que quieras de mi

hágase en mi

hágase en mi

hágase en mi según tu quieras

hágase en mi a tu manera

hágase en mi como tu quieras hágase en mi lo que tu quieras

hágase en mi...

hágase en mi...

hágase en mi según lo que tu mas quieras

cueste lo que cueste

hágase en mi...

AYUDAME MADRE A ENCONTRAR LA VOLUNTAD DE DIOS Y A DECIRLE:

Hágase en mi según tu palabra,

según tu palabra,

según tu voluntad.

Hágase en mi,

hágase en mi...

Hágase en mi según tú quieras,

hágase en mi a tu manera.

Hágase en mi como tú quieras, hágase en mi lo que tú quieras.

Hágase en mi...

hágase en mi...

Hágase en mi según lo que tú más quieras,

cueste lo que cueste

Hágase en mi...

hágase en mi...

hágase en mi...

Hágase en mi según lo que tú más quieras,

cueste lo que cueste

Hágase en mi...

hágase en mi...

hágase en mi...

Hágase en mi según lo que tú más quieras,

cueste lo que cueste,

hágase en mi...

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Nada te turbe nada te quite la paz que Dios te dio con su amor

Y nada Te haga dudar de su amor

Nada te turbe nada te espante todo lo puedes soportar en Dios tu salvador

Y señor

Pues nunca te faltara el señor

Nunca el se agotara

Nunca se arrepentirá de haberte dado su amor

El en sus brazos te llevara el contigo sufrirá y también sonreirá

Pues Dios te ama, Dios te ama

Nada te turbe nada te quite la paz que Dios te dio con su amor

Y nada te haga dudar de su amor

Pues nunca te faltará el señor nunca se agotara nunca se arrepentirá de haberte dado su amor

El en sus brazos te llevara el contigo sufrirá y también sonreirá

Pues Dios te ama, Dios te ama

Dios te ama tanto que se entrego por ti en la cruz por eso el es tuyo y tu de el

Y quien a Dios tiene nada le faltara

Su paciencia todo alcanzara

Quien a Dios tiene nada le faltara

Solo Dios basta

Solo Dios basta

Solo Dios basta

Por último, el evangelio de Mateo (Mt, 26, 39-48)

Confiaré en ti, porque tu eres mi padre.

Esperaré en ti, porque eres mi creador.

Me apoyaré en ti, porque tu eres fiel

porque tú eres fiel, me apoyare en ti,

me apoyare en ti, porque tu eres fiel.

Porque tú perdonas todas mis culpas

y curas todas mis dolencias.

Porque tu rescatas mi vida

y me sacias con tu presencia.

Porque eres paciente y misericordioso,

y no me tratas según mis errores.

Confiaré en ti, porque tu eres mi padre.

Esperaré en ti, porque eres mi creador.

Me apoyaré en ti, porque tú eres fiel,

porque tú eres fiel, oh Señor,

me apoyaré en ti.

Porque, como un padre se enternece por sus hijos,

así te enterneces tú porque conoces mi interior

y comprendes que soy humana.

Confiaré en ti, oh Señor,

porque tú eres fiel.

Esperaré en ti

porque tu eres fiel, me apoyare en ti,

confiare en ti.

Señor quién comprende tu misterio

quién podrá decir quién eres.

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Tú eres la piedra con que tropiezo,

la piedra que me tira por tierra,

la piedra fundamental de mi vida,

las más rechazada, la más olvidada,

oh Señor, roca mía, piedra mía.

Ten misericordia de mi,

ten misericordia de mi.

Ten misericordia de mi,

ten misericordia de mi.

Tú eres la piedra que golpeo,

de donde brota el agua que me da vida,

tu eres la piedra con que venzo el combate,

tu eres la piedra con que derribo a Goliat.

La más rechazada, la más olvidada,

oh Señor, roca mía, piedra mía.

Ten misericordia de mi,

ten misericordia de mi.

Ten misericordia de mi,

ten misericordia de mi.

La piedra que desecharon los arquitectos

es la piedra angular,

la piedra que desechamos los arquitectos

es la piedra fundamental.

Sé que no me dejarás,

no me dejaras jamás.

Porque yo soy la obra de tus manos,

porque yo soy obra de tus manos

Sé que no me dejarás,

sé que no me abandonarás jamás,

porque yo soy obra de tus manos,

yo soy obra de tus manos.

Tengo tanto que agradecerte Señor.

Yo siempre camino entre peligros

y tú me conservas la vida,

yo busco los peligros

y tú siempre me salvas.

No me dejarás jamás,

tu no me abandonaras jamás

porque hay algo de ti en mi mirada,

algo de ti en mi palabra,

algo de ti en mi voz.

Por eso sé que no me dejarás.

Tú eres fiel conmigo,

cumples tus promesas,

renuevas el vigor de mi aliento,

tu misericordia para conmigo es eterna.

Por eso sé que no me dejaras,

no me dejarás jamás.

Porque yo soy imagen de tu Hijo,

porque yo soy imagen de tu Hijo.

Por eso sé que no me dejarás

no me abandonaras jamás,

jamás.

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Levanto los ojos a los montes

De donde me vendrá el auxilio

El Auxilio me viene de ti

Que hiciste el cielo y la tierra

No permitirás que resbale mi pie

Mi guardián no duerme

Mi guardián no duerme

No permitirás que resbale mi pie

Mi guardián no duerme

Mi guardián no duerme

No duerme ni reposa

El guardián de Israel

No duerme ni reposa mi guardián

El señor esta a mi derecha

El señor me libra de todo mal

De día el sol no me hará dalo

A mi la luna de noche

De día el sol no me hará daño

Porque Él

No permitirá que resbale mi pie

Mi guardián no duerme

Mi guardián no duerme

No permitirá que resbale mi pie

Mi guardián no duerme

Mi guardián no duerme

No duerme ni reposa

El guardián de Israel 

La pasión que provoca el amor apasionado

Jesús nos amó con pasión, él mismo lo expresaba: “Ardientemente he deseado comer esta pascua con vosotros antes de mi pasión” (Lc 22,14). Y “Amó hasta el extremo” (Jn 13,1), hasta el final de su posibilidad de amar y hasta su último aliento. El lenguaje de Jesús expresa también esa pasión de su amor. El que pierda su vida por Jesús y la buena noticia del evangelio, la salvará. Ganar el mundo entero no vale la pena. En medio de esta generación 'idolátrica y pecadora', no podemos avergonzarnos de las palabras de Jesús (Mc 8,34-38)...

Jesús ama con pasión y eso le permite ver la realidad de una manera diferente y nueva, descubre el Reino de Dios queriendo abrirse paso dentro del pueblo con posibilidades nunca imaginadas: los pecadores son buscados por Dios, por plazas y caminos, con pasión infinita; los enfermos pueden sanar; las mujeres son dignificadas hasta alcanzar su verdadera talla y ser dueñas de sus destinos; la vida de unos pescadores, reducida a la rutina de las redes y la barca, se puede transformar en servicio a la novedad de ese Reino... Esta “hora” es un buen momento para tomar conciencia de los efectos que ha tenido en mi vida el amor apasionado de Jesús... y agradecer.

La presencia de un amor sin límites en la persona de Jesús crea una vida nueva en las gentes que se le acercan. Jesús vino para vivir en plenitud y para que tengamos vida en abundancia; pero amar con esta pasión, que recrea la vida sin límites, impulsa a un trabajo hasta el extremo y crea conflicto con las personas y las instituciones que defienden lo viejo. Amar así tiene un precio, conduce al sufrimiento y a la muerte. Quien quiera seguirle tiene que entrar en esa desmesura de la pasión del amor y tomar la cruz como él.

La vida de todo cristiano o cristiana está atravesada por esta misma pasión. Amar con pasión no significa permanecer en un romanticismo aislado, sino que provoca una transformación tal de la persona que nos hace capaces de comprometernos con el nacimiento de la vida nueva. La capacidad de asumir el dolor e incluso la muerte por lo que amamos y por lo que creamos desde el amor, surge desde las más profundas raíces de nuestro ser. Piénsese, por ejemplo, qué no hacen unos padres por los hijos creados desde su amor.

Un corazón sin pasión renuncia a sufrir y a vivir en plenitud y escoge sucedáneos tranquilizantes y soporíferos como sustitutos de la creatividad arriesgada que se abre al futuro. Por el contrario, amar con pasión nos conduce a las mayores alegrías aunque nos puede arrastrar también a la pasión. Pero cuando hemos atravesado la pasión sin rompernos, porque amamos, entonces la alegría tiene una hondura inigualable. Es la alegría de la pascua. Sólo amar con pasión nos permite afrontar de manera creadora la pasión, como hizo Jesús.

El desafío más grande es situar en esta hondura del amor todo sufrimiento, el propio y el de los demás; el que comprendemos como razonable, porque da su cosecha como lo esperamos en el tiempo oportuno, y el incomprensible, el que nos sitúa dentro del escándalo que hace preguntas a un Dios mudo que no responde, como el grito de Jesús: “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Colocamos delante del Crucificado todo ese sufrimiento, propio o ajeno, incomprensible, ese que nos escandaliza el corazón y nos hace repetir: 'Dios mío, ¿por qué me-le has abandonado?'.

Antes de enfrentar la muerte última, atravesamos a lo largo de la vida situaciones de muerte donde, después de haber luchado hasta el final, se nos acaban las fuerzas y razones, y tenemos que esperar en “el sepulcro” tres días hasta que se estructure toda nuestra persona en torno a una nueva sabiduría que aparece dentro de nosotras como una sorpresa regalada. Porque, es cierto, resucitamos desde la misma profundidad en que morimos.

Sólo un amor como el de Jesús nos revela plenamente quién es Dios y nos revela, plenamente, quiénes somos. Somos la pasión y la resurrección de Dios en la vida de cada día. En nuestra propia persona y en el compromiso con los crucificados de la historia somos la pasión de Dios que trabaja, libera, dignifica, sufre y muere en nosotros. Y, también en nuestra frágil y vulnerable persona, somos la resurrección de Dios que se expresa en nuestro ser transfigurado por el amor, un ser herido por los límites pero abierto al infinito, sufriente pero con paz en el corazón. Releo mi vida descubriendo cómo soy la pasión y la resurrección de Dios en mi vida sencilla, cotidiana...

Pistas para realizar la vigilia

En un ambiente con poca luz o delante del Santísimo, tratar de lograr orar en actitud ignaciana: “como si presente me hallase”, sin prisa, leer despacio e interiorizar cada frase.

Como cantos a lo largo de la celebración recomendamos, “Tierra firme, te siento en mis pies descalzos”, “Como el Padre me amó así os he amado”, “Quedaos aquí” (Canto de Taizé), “Hágase tu voluntad” (Canto de Ignacio Yepes).

El sentido de la oración de esta noche es contemplar a Jesús orando antes de su muerte, acompañarle en su soledad y tristeza, estar aquí, aunque no se nos ocurra nada, aunque no acabemos de ver su utilidad, vamos a estar y a escuchar, a hacer nuestra su situación y su oración desde la contemplación.

Vamos a hacer memoria de lo que allí se oyó y se vivió con intensidad. Hacer memoria no es sólo recordar, es revivir. Jesús se hace presente aquí esta noche con los mismos sentimientos de entrega y servicio, con los mismos deseos de expresarnos su amor. Nosotros somos hoy los discípulos amados, que quieren escuchar y acompañar, quieren orar y velar, quieren aunque no lo logran, queremos.

Queremos estar aquí contigo Jesús, porque sabemos que fue una hora difícil para ti, porque cuánto más sentías la necesidad de cercanía, te dejaron solo, porque en la hora de tu mayor lucidez, sus íntimos dormían, porque en esta hora de consciencia de todo lo que está por caerte encima, ellos no entienden nada.

Descubriremos hoy nuevamente, con qué amor más grande amó Jesús, especialmente a los doce, y qué distancia tan grande se contempla entre el maestro y los discípulos. Él tan divino, ellos tan humanos, él tan elevado, ellos tan mezquinos, cómo le dolería en el alma esa soledad tan grande que se percibe en Getsemaní. Por eso estamos aquí.

Iniciamos esta hora de oración haciendo silencio para preparar nuestro corazón para el encuentro con el Dios de Jesús, porque fue una hora difícil, hoy queremos regalarte una hora de nuestro tiempo, hacerte al menos hoy y nosotros compañía.

Empezamos leyendo pausadamente el texto del Evangelio de San Marcos:

“Cuando llegaron a un lugar llamado Getsemaní, dijo Jesús a sus discípulos:

- Sentaos aquí, mientras yo voy a orar.

Tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan. Comenzó a sentir pavor y angustia, y les dijo:

- Siento una tristeza mortal. Quedaos aquí y velad.

Y avanzando un poco más, se postró en tierra y suplicaba que, a ser posible, no tuviera que pasar por aquel trance. Decía:

- ¡Abba, Padre! Todo te es posible. Aparta de mí esta copa de amargura. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú.

Volvió y se los encontró dormidos. Y dijo a Pedro:

- Simón ¿duermes? ¿No has podido velar ni siquiera una hora? Velad y orad para que podáis hacer frente a la prueba, que el espíritu está bien dispuesto, pero la carne es débil.

Se alejó de nuevo y oró repitiendo lo mismo. Regresó y volvió a encontrarlos dormidos, pues sus ojos estaban cargados. Ellos no sabían que responderle. Volvió por tercera vez y les dijo:

- ¿Todavía estáis durmiendo y descansando? ¡Basta ya! Ha llegado la hora. Mirad el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos! Ya está aquí el que me va a entregar.”  (Mc 14, 32-42)

Damos 5 minutos de silencio para releer personalmente y en silencio el texto varias veces, dejando que las palabras cobren vida en nuestro interior, nos imaginamos que estamos allí, que somos uno de los doce, o quizás Pedro, Santiago o Juan, vemos a Jesús alejado entre los olivos, nos vemos a nosotros mismos viéndolo y vamos dejando que el Evangelio cobre vida en nosotros, vamos perdiendo que el Espíritu penetre en nosotros a través de los ecos que el texto va despertando en nosotros, va generando Palabras nuevas y llamadas distintas.

Entre algunos voluntarios se leen nuevamente los versículos del Evangelio y su comentario, que pueden dar nuevos ecos del Espíritu a los suscitados en los 5 minutos de silencio y oración anteriores.

Yo voy a orar. Tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan.

Comenzó a sentir pavor y angustia, y les dijo:

Siento una tristeza mortal. Quedaos aquí y velad.

Jesús presiente que ha llegado su hora y siente necesidad de buscar al Padre, de estar con Él. Se acercan momentos duros. Los suyos no sólo no parecen enterarse, siguen sin hacerlo, Jesús no confía en que le puedan acompañar en este trance. No se lo pide, siente la soledad y acude a Dios que sabe no le va a dejar solo. Le duele la inconsciencia de sus discípulos por más que se ha esforzado en abrir sus ojos, le duele su no poder acompañarle, pero sabe que no es cosas de ellos, que todavía no están preparados, que ya lo estarán. Ahora es su hora, más tarde llegará la de ellos. A sus más cercanos les confiesa la tristeza que siente, empieza la hora triste, después de tanta vida compartida, de tantos momentos, de tanto camino recorrido, después de tantas emociones vividas, llega el bajón. Las tinieblas entran en su corazón: pavor, angustia, tristeza hasta la muerte. El mal no se da por vencido nunca, nunca tira la toalla, vuelve a la carga contra Jesús, ahora no le tienta con halagos sino con el miedo, el asco y el sinsentido. Es el misterio de la noche, de la debilidad, de la tentación.

Jesús se enfrentó al poder del mal, entró en conflicto con los poderosos que mantenían al pueblo oprimido, que distorsionaban a su favor la imagen de Dios, que colaboraban con un sistema injusto que ponía por encima de la persona al dinero, que marginaba por impuros a extranjeros y enfermos, que culpabilizaba al enfermo por su dolencia (‘si no pecó él, pecaron sus padres’), que había puesto la ley por encima del hombre, convertido el templo en un mercado o el mercado en el templo. Jesús cuestionó la blasfemia de quienes habían convertido a Dios en un ídolo manejable y denunció que el Dios que mostraban no era el Dios de la Alianza, aunque fue Él el condenado por blasfemo…

Jesús sabe que saldrá mal parado del enfrentamiento con los dueños de las tinieblas, y decide irrevocablemente subir a Jerusalén, donde afrontará la violencia del mal, la Pascua no ocurre porque sí, sino porque Jesús afronta el conflicto con la religiosidad establecida, con la complicidad de los jefes del pueblo y las fuerzas de la ocupación romana. Ante las posturas tomadas conscientemente a lo largo de su vida, no podía huir y renunciar a lo que era y pactar con los intereses del mal, tras la dura pelea en el desierto de Judea, Jesús volverá a enfrentarse con la mentira, llega ‘la hora y el poder de las tinieblas’, no seamos ingenuos, no menospreciemos el inmenso poder del mal…Jesús no lo hizo.

Se postró en tierra y suplicaba que, a ser posible,

no tuviera que pasar por aquel trance. Decía:

¡Abba, Padre! Todo te es posible. Aparta de mí esta copa de amargura.

Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú.

Jesús se siente derrotado, cae de rodillas al suelo y suplica a su Padre, es demasiado el peso que cae sobre él, le pesa el futuro negro, le pesa el pecado del mundo, le pesa el sufrimiento humano, le pesa el mundo entero. No puede más y se derrumba. Pero queda de rodillas suplicando. Se siente tentado de echarse atrás, no quiere lo que se le avecina. Pero se deja vencer por Dios, se agarra a la fidelidad, al proyecto de persona y de mundo que ha mostrado, a no desdecirse, a no acobardarse, el Padre vence al mal. En esta noche de oración en Getsemaní, Jesús refuerza su confianza en el Abba, quizás en el peor momento de su vida sigue descubriendo que su Padre le ama y protege, por ello Jesús, vulnerable, pero firme y con ánimo fuerte, con la confianza invencible de quien ‘ha conocido y creído’ lleva la decisión a las últimas consecuencias, actúa, afronta libre y valiente el conflicto, la hora del mal ha llegado, porque no hay escapatoria sin traicionar todo lo que ha dicho y hecho.

Volvió y se los encontró dormidos. Y dijo a Pedro:

Simón ¿duermes? ¿No has podido velar ni siquiera una hora?

Velad y orad para que podáis hacer frente a la prueba,

que el espíritu está bien dispuesto, pero la carne es débil.

En Getsemaní se hace palpable la decisión de Jesús y cómo asume la soledad que de ella se deriva. Se hace evidente que sabe lo que va a pasar, y que está dispuesto a pasar por ello. Jesús se siente solo, por la torpeza y cansancio de los suyos, ni siquiera sus amigos comprenden su decisión y entienden lo que va a pasar… ellos, ciegos e inconscientes, duermen mientras Él ve lo que se le viene encima,

En la oración de Getsemaní, Jesús sabe que no está solo, Dios está de su lado… aunque no pueda librarle de ese cáliz, aunque no pueda intervenir en la historia, aunque aparentemente nada cambie, todo cambia. Preparado y confiado en la fuerza de Dios, sin ser arrastrado por nadie, apoyado interiormente, aunque despojado de armaduras como David ante Goliat. Jesús consiente a ese amor que viene y nos toma, da su sí filial. Dios no violenta nunca la libertad de hombre, tampoco la de su Hijo.

Se alejó de nuevo y oró repitiendo lo mismo

La hora se hizo larga, Jesús no sabe más que repetir la misma oración al Abba, ¿cuántas veces lo diría? Pero era como si el Padre estuviera sordo, parecía que la oración rebotaba en el cielo. Jesús seguía suplicando, sólo Tú puedes, sé que Tú puedes, aparta de mía esta copa de amargura, cambia el curso de la historia, cambia el corazón de los hombres, vence al mal antes del combate final que me cueste la vida… Tú puedes

Volvió por tercera vez y les dijo:

¿Todavía estáis durmiendo y descansando?

Ni haberlos despertado en dos ocasiones anteriores, ni su haber compartido esa tristeza mortal que siente, ni haberlo visto caer al suelo y suplicar, quizás sollozando, puede con el cansancio de los discípulos. Cuántas veces tras la crucifixión volverían los discípulos a acordarse de esta escena, cuántas se dirían como no velamos y oramos con Él y por Él, cómo fuimos tan necios, tan egoístas, tan ciegos, cómo nos puedo el cansancio tan rápida y fácilmente, cómo… son tantas las lecturas que solemos hacer a posteriori cuando ya conocemos el desenlace los hechos, tantas… cómo no nos dimos cuenta…

¡Basta ya! Ha llegado la hora.

Mirad el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores.

¡Levantaos! Ya está aquí el que me va a entregar

En esta hora de la conciencia, de la entrega definitiva, Jesús asume que ha llegado la hora de dar la vida. Jesús se enfrenta al conflicto no desde la pasividad sacrificial, como quien ‘es llevado’ a la muerte presionado por las circunstancias, sino que se dirige a ese combate desigual que le llevará al patíbulo, la Cruz, como oveja llevada al matadero pero voluntariamente ‘yo doy mi vida para tomarla de nuevo. Nadie tiene poder para quitármela; soy Yo quien la doy por mi propia voluntad’ (Jn.10,17-18). Ya está aquí el que me va a entregar, pero yo tomo la iniciativa, antes de que me Judas me entregue, me entrego yo, se anticipó la gracia al mal. Por voluntad de Dios y de Jesús la iniciativa ya no es del pecado, sino del amor. La salvación no viene por una traición, sino por una ofrenda de amor. No es consecuencia de decisiones humanas, sino del compromiso de Dios con los hombres.

Damos 15 minutos para orar el texto del Evangelio y los comentarios. Cada uno elige las frases que mayor le resuenen en el corazón, y las repite y les da vida nueva, hasta que vayan cobrando significado para mí, para mi vida, para mis circunstancias.

Si hay tiempo y confianza podemos invitar a compartir lo que se ha orado personalmente y el significado que el Espíritu me ha revelado para mi vida.

Canto: “Padre me pongo en tus manos” (Canción de Kairos) se puede recitar, la oración de Charles de Foucauld, si se desconoce.

Padre, Padre, Padre, / Me pongo en tus manos. / Haz de mí lo que quieras / Sea lo que sea / Te doy las gracias. / Lo acepto todo, / Con tal de que tu voluntad / Se cumpla en mí / Y en todas tus criaturas.

No deseo nada más, Padre, / No deseo nada más. / Yo te ofrezco mi alma / Y te la doy con todo el amor de que soy capaz, / Porque deseo darme, / Ponerme en tus manos sin medida con infinita confianza, / Porque Tú eres mi Padre.

Jesús quiere en esta noche oscura dar la vida por cada uno de nosotros, por nuestras heridas, por nuestro pecado, por nuestro sufrir, por nuestro mal moral, por nuestra frágil condición. Por ti, Yo doy la vida por ti, quizás hoy no lo sepas o no lo quieras ver, pero cuando me entregué libremente y sin violencia alguna pensaba en ti, en que ti que necesitabas hoy que Yo te mostrara el camino del sentido.

Hemos contemplado a Jesús, su silencio, su oración, su tristeza y angustia, su petición de compañía y oración a sus amigos más íntimos, su perseverancia en pedirles por segunda vez que velen y oren para acabar desistiendo, su confianza en Dios, su afrontar el conflicto, su mantenerse en sus opciones vitales, su aceptar su vulnerabilidad y utilizar como única coraza de protección la confianza en Dios, su acción decidida:  ¡Levantaos!, ¡vámonos!, su no querer sufrir pero aceptar el sufrimiento, su sí filial, su respuesta amorosa al amor primero: darlo todo, hasta la vida (no hay amor tan grande). Ya no puedo decir que nadie haya hecho por mí semejante acto de generosidad y entrega, semejante acto de amor. Jesús dio la vida por mí, ponle a ese mí tu nombre y hazte consciente del sacrificio que Jesús hizo esa noche oscura por ti, por tus pecados, por tu vida nueva. La entrega de Jesús debería engendrar en nosotros un deseo firme, una capacidad nueva: estar con Él, subir con Él a Jerusalén y acompañarle en su destino, sea el que sea. ¡Después ya se verá de lo que somos capaces!

Dejaremos 5 minutos de silencio para que los presentes se hagan más conscientes de que Jesús dio la vida por cada uno de nosotros.

Canto: “Como el padre me amó yo os he amado”

Acabamos esta Hora Santa haciéndonos consciente de los miles de crucificados y despojados de nuestro mundo de hoy. Cristo es también hoy crucificado en ellos por todos los poderes del mal que siguen hoy actuando. En nuestro velar y orar, no sólo velamos y oramos con Cristo, sino por tantos hermanos nuestros que sufren hoy el destino de Cristo: las víctimas de las guerras y del terrorismo, los niños esclavos, los niños de la guerra, las niñas víctimas de la violencia  sexual, las mujeres víctimas de la violencia de género, los hijos que son víctima de la violencia familiar, tantos seres inocentes que mueren hoy de hambre en un mundo donde hay recursos para todos, tantos hermanos que sufren y mueren por enfermedades hoy curables o que pueden prevenirse con vacuna, los inmigrantes que dejan todo lo que tienen y conocer para irse en busca de un presente mejor a países desconocidos, los enfermos, los que viven en la más absoluta soledad, los que viven en basureros de la basura que desechan los poderosos,… tantos y tanto crucificados y despojados, tantos empobrecidos para que otros podamos disfrutar de lo que no debería ser nuestro, tantos hermanos que viven en condiciones indignas, explotados laboralmente, sin derechos en su trabajo, sin descanso ni vacaciones, son tantos los que viven y trabajan en condiciones infrahumanas para que el Norte pueda consumir y mantener un nivel de vida mundialmente insostenible… tanto hermanos nuestros son los que sufren… La vivencia del Espíritu debe cambiar nuestra mirada hacia los crucificados y despojados, hacia las criaturas heridas en su dignidad y machacadas en sus cuerpos. Cuando la mirada ha cambiado, al "yo" espiritual se le conmueven las entrañas, se enternece, se altera y descubre que la paz y la alegría del Espíritu aparecen cuando la vulnerabilidad te devuelve solidariamente a las criaturas. Tenemos la honda percepción que los que sufren ya no son un pretexto para mi correcta actuación sino que el Espíritu nos abraza en comunión solidaria. También hoy les traemos a nuestra oración, y velamos y oramos por todos ellos. Finalizamos poniendo en común situaciones de injusticia, trayendo a este momento los nombres de personas que conozcamos son hoy crucificados y despojados de su dignidad de Hijos de Dios, para hacernos más conscientes de su vida, de su sufrir, de su soledad, y salir de aquí con el compromiso firme de estar más con ellos, de sentirnos más unidos a su dolor, de querer acompañarles en su cruz, de sentir la llamada de Dios a cambiar nuestra vida para hacer la suya algo menos dolorosa.

HORA SANTA

(Conviene prever la participación con suficiente antelación,  adecuar su duración a la comunidad convocada, y combinar apropiadamente la palabra y el silencio, que favorezca la oración)

Nos amó hasta el extremo

La situación en la que se encontraba Jesús en la última etapa de su vida era tremendamente adversa. Pero todavía puede actuar libremente, y en la cena de despedida con su amigos y amigas anticipa su propia muerte en el pan partido y en el vino que pasa de mano en mano. Jesús, por medio de los gestos eucarísticos, transforma una muerte indigna en un acto de amor “hasta el extremo”. Justo en ese momento terrible, en que su frágil comunidad se venía abajo, Jesús tomó el pan, lo bendijo y se lo dio diciendo: “Este es mi cuerpo que se entrega por vosotros”. Jesús encarnó la esperanza en un signo: el pan roto que une, la copa que nos une en su Vida para siempre.

Gracias al relato de la Cena, sabemos lo que había en el interior de Jesús ante su muerte. Sin la Eucaristía, sería posible pensar que murió por una especie de “necesidad” o fatalidad, porque no podía ser de otro modo. Sabemos que no fue así. La noche en que iba a ser entregado, cuando su vida estaba en peligro, pero aún no había sido detenido y todavía estaba abierta la ocasión de escapar de una muerte que le pisaba los talones, Él hizo el gesto de ponerse entero en el pan que repartió, e hizo pasar la copa con el vino de una vida que iba a derramarse hasta la última gota. Y aquel gesto y aquellas palabras, recordadas en cada Eucaristía, nos permiten adentrarnos en el misterio de una voluntad de entrega que se anticipa a la pérdida: nadie puede arrebatarle la vida; es Él quien la entrega voluntariamente (Jn 10,18).

La Eucaristía no nació en la última cena, sino que Jesús fue gestándola y preparándola a lo largo de toda su vida a través de sus palabras, gestos, encuentros, actitudes... Jesús interpreta su propia vida en clave de servicio y de entrega (Mc 10,45), que culmina en el lavatorio de los pies (Jn 13,1-15). Dejamos que nuestro corazón desborde de agradecimiento y de alegría por el regalo de la Eucaristía, por el proyecto de humanidad reconciliada y fraterna que encierra, por la semilla de recia esperanza que expande.

Jesús se entrega, libremente, por amor. La palabra amor está hoy tan deslucida que casi da miedo pronunciarla. Pero no podemos ni debemos renunciar a ella. Jesús nos muestra cómo se ama y cómo se ama con pasión. Por eso nos atrae, nos seduce. Igual que nos han conmovido y llenado de admiración, alguna vez, los gestos o el comportamiento de personas que han ido más allá de lo razonable, de lo “lógico”, de lo humanamente exigible: han arriesgado su vida por otros; han permanecido junto a los que estaban en situaciones de alto riesgo; no se han tenido en cuenta a sí mismos, sin calcular ni medir, han entregado lo que eran y tenían; y, como consecuencia, han arriesgado su propia vida hasta perderla.

Este momento es ideal para alegrarnos por estas personas, ponerles nombre, felicitarlos desde lo más profundo de nuestro corazón. Sentir orgullo de pertenecer a una humanidad y a una Iglesia en la que muchas mujeres y hombres viven fuera de sí mismas para entregarse a otros y siguen siendo capaces de traspasar fronteras, hasta el extremo.

En determinados momentos, también nosotros y nosotras hemos sentido un impulso que nos empujaba a comportarnos así, a romper límites y a movernos por las razones apasionadas del amor. Y, aunque no estemos establemente ahí, sabemos experiencialmente de qué se trata. Hemos sido capaces de superar la lógica del cálculo, la media y la cautela y de entrar en la lógica de la Eucaristía, en la que celebramos el máximo derroche, el total despilfarro “hasta el extremo”. Porque es precisamente eso lo que se nos llama a celebrar y a vivir: “Haced esto...”. No dice “meditad”, “escribid”... sino, sencillamente, “hacedlo”.

Y le presentamos a Dios nuestro deseo terco de “hacerlo”, de entrar en su “proyecto eucarístico”, de vivir “en memoria suya”, de conformarnos con su modo de ser, en el que cada persona se entrega absolutamente a las otras y se recibe de ellas en eterna acción de gracias. En nuestra propia persona y en la solidaridad con los crucificados de la historia somos la pasión de Dios que trabaja, sufre y muere en nosotras. Y somos esa pasión también en nuestras propias historias silenciosas, cuando intentamos ayudar a vivir con apuestas pequeñas y cotidianas; cuando levantamos la voz para defender derechos secuestrados o cuando actuamos como frágil levadura que se disuelve en la masa espesa de la sociedad y la fermenta de Vida y de Paz.

HORA SANTA 2011

Como cantos a lo largo de la celebración: recomendamos si se conocen Tierra firme, te siento en mis pies descalzos, Como el Padre me amó así os he amado, Al amor más sincero (Javi Sanchez). Vamos a estar 2 minutos en silencio, alguien chasquea los dedos cada 7 segundos. Un voluntario lee el siguiente texto.

Un chasquido de dedos cada 7 segundos,

Un ruido en la noche oscura,

Un ruido imperceptible para muchos entre el bullicio

Un ruido más, apagado por un mundo que no quiero oír,

Un ruido maquillado por políticas que no cuestionan las dinámicas excluyentes del sistema justificando la supuesta inevitable presencia de pobreza y sufrimiento

Un ruido acallado por nuestros televisores, nuestro consumo, nuestra vida virtual.

Un ruido capaz de ensordecernos si lo escuchamos,

un ruido por el que no podemos dormirnos,

que nos llama a velar y orar, a denunciar, luchar, cambiar y construir.

Un chasquido de dedos cada 7 segundos,

puede no decirnos nada o puede despertarnos de esta nana consumista,

que nos liga a ritmos de vida inhumanos e insostenibles.

Un chasquido de dedos cada 7 segundos,

cada chasquido es la muerte de un niño menor de 10 años,

cada 7 segundos un niño muere de hambre o enfermedad curable en este mundo que hemos construido, así Padre colaboramos con tu creación…

Cada 7 segundos, este es el gran drama de nuestro tiempo, como tantos han denunciado, tenemos recursos para evitarlo pero cada día 37.000 personas fallecen de hambre y más de mil millones (casi 1/6  parte de la humanidad) sufre malnutrición permanente.

Cada 4 minutos un niño se queda ciego por falta de vitamina A,

Cada  X los refugiados del hambre intentan venir a Canarias y son rechazados por métodos militares.

Cada …

Volvemos a estar 2 minutos en silencio, alguien chasquea los dedos cada 7 segundos.

Tras hacernos más consciente del sufrimiento en el mundo, de la presencia del maligno. Nos sentimos solidarios con el sufrir de tantos hermanos pero también responsables y copartícipes de él en tanto participamos del pecado, creador del sinsentido que habita en nosotros, conscientes. El sufrimiento no nos es extraño, es de todos, nos pertenece en algún grado, en parte como verdugos y en parte como víctimas.

Al contemplar tanto sufrimiento quedémonos por fin sin palabras, dejemos que el silencio acune nuestras lágrimas por el futuro arruinado de tantos seres inocentes. Y busquemos a Dios, que habita en lo hondo de cada uno. Mudos, sin justificaciones, busquemos a Dios.

Llamamos a tu puerta, Señor, estamos aquí, queremos estar contigo en esta hora definitiva, estamos aquí, sabemos que tú también estás y oremos todos juntos así:

¡Oh Espíritu Santo!

Danos misericordia,

para no apartar la mirada y el corazón de los rostros de los que sufren, y dejarnos conmover por su dolor.

para cambiar de vida al descubrirnos ligados unos con otros,

para compartir con ellos la ternura y el consuelo, la esperanza y el sentido.

¡Oh Espíritu Santo!

Muéstranos el camino para sentir compasión por todo aquello que causa sufrimiento a los hombres: las enfermedades, las desdichas, las querellas y los odios, las catástrofes naturales, las guerras, etc.

Muéstranos el camino para vivir desde este impulso compasivo, del que puede nacer un fruto precioso: vivir la vida de la humanidad como mi propia vida.

¡Oh Espíritu Santo!

Danos constancia para orar por este mundo injusto en el que vivimos,

haznos descubrir que sin hombres que oren, ‘el poder de las tinieblas’ (Lc 22, 53) incrementaría aún más su fuerza.

¡Oh Espíritu Santo!

Danos tu fuerza que nos ayude

a rasgar las cadenas que oprimen a tantos,

a cuestionar las injusticias que caen sobre los demás débiles,

a denunciar las estructuras de opresión.

¿Qué hace Dios ante el sufrimiento del mundo?

Lectura pausada de los siguientes textos y del evangelio.

Jesús se enfrentó al poder del mal, entró en conflicto con los poderosos que mantenían al pueblo oprimido, que distorsionaban a su favor la imagen de Dios, que colaboraban con un sistema injusto que ponía por encima de la persona al dinero, que marginaba por impuros a extranjeros y enfermos, que culpabilizaba al enfermo por su dolencia ‘sino pecó él, pecaron sus padres’, que había puesto la ley por encima del hombre, convertido el templo en un mercado o el mercado en el templo. Jesús cuestionó la blasfemia de quienes habían convertido a Dios en un ídolo manejable y denunció que el Dios que mostraban no era el Dios de la Alianza, aunque fue Él el condenado por blasfemo…

Jesús sabe que saldrá mal parado del enfrentamiento con los dueños de las tinieblas, y decide irrevocablemente subir a Jerusalén, donde afrontará la violencia del mal, la pascua no ocurre porque sí, sino porque Jesús afronta el conflicto con la religiosidad establecida, con la complicidad de los jefes del pueblo y las fuerzas de la ocupación romana. Ante las posturas tomadas conscientemente a lo largo de su vida, no podía huir y renunciar a lo que era y pactar con los intereses del Enemigo, tras la dura pelea en el desierto de Judea, Jesús volverá a enfrentarse con el Mentiroso, llega ‘la hora y el poder de las tinieblas’, no seamos ingenuos, no menospreciemos el inmenso poder del mal…Jesús no lo hizo.

Entonces va Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y dice a los discípulos: Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.  Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dice: Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo. Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú. Viene entonces donde los discípulos y los encuentra dormidos; y dice a Pedro: ¿Conque no habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil. Y alejándose de nuevo, por segunda vez oró así: Padre mío, si esta copa no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad. Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados. Los dejó y se fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. Viene entonces donde los discípulos y les dice: Ahora ya podéis dormir y descansar. Mirad, ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores. ¡Levantaos!, ¡vámonos! Mirad que el que me va a entregar está cerca. (Mt 26, 36-46)

En Getsemaní se hace palpable su decisión y su soledad. Se hace evidente que sabe lo que va a pasar, y que está dispuesto a pasar por ello. Jesús llora ante el poder del mal:

 ‘comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dice: Mi alma está triste hasta el punto de morir’. Jesús lloró. Dios llora.

En la oración de Getsemaní, Jesús se siente solo, por la torpeza y cansancio de los suyos, ni siquiera sus amigos comprenden su decisión y entienden lo que va a pasar… ellos, ciegos e inconscientes, duermen mientras él ve lo que se le viene encima,

¿Conque no habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil.

En la oración de Getsemaní, Jesús sabe que no está solo, Dios está de su lado… aunque no pueda librarle de ese cáliz, aunque no pueda intervenir en la historia, aunque aparentemente nada cambie, todo cambia. Preparado y confiado en la fuerza de Dios, sin ser arrastrado por nadie, apoyado interiormente, aunque despojado de armaduras como David ante Goliat. Jesús consiente a ese amor que viene y nos toma, da su sí filial. Dios no violenta nunca la libertad de hombre, tampoco la de su hijo.

no sea como yo quiero, sino como quieras tú’ (…)Padre mío, si esta copa no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad’

En esta noche de oración en Getsemaní, Jesús refuerza su confianza en el Abba, quizás en el peor momento de su vida sigue descubriendo que su Padre le ama y protege, por ello Jesús, vulnerable, pero firme y con ánimo fuerte, con la confianza invencible de quien ‘ha conocido y creído’ lleva la decisión a las últimas consecuencias, actúa, afronta libre y valiente el conflicto, la hora del mal ha llegado, que no ni escapatoria sin traicionar todo lo que dicho y hecho,

 ‘les dice: Mirad, ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores. ¡Levantaos!, ¡vámonos! Mirad que el que me va a entregar está cerca’.

En esta hora de la conciencia, de la entrega definitiva, Jesús asume que ha llegado la hora de dar la vida. Jesús se enfrenta al conflicto no desde la pasividad sacrificial, como quien ‘es llevado’ a la muerte presionado por las circunstancias, se dirige a ese combate desigual que le llevara al patíbulo, Cruz como oveja llevada al matadero pero voluntariamente;

 ‘el Padre me ama, porque yo doy mi vida para tomarla de nuevo. Nadie tiene poder para quitármela; soy yo quien la doy por mi propia voluntad’ (Jn.10,17-18)

Si Jesús quiere en esta noche oscura dar la vida por cada uno de nosotros, por nuestras heridas, por nuestro pecado, por nuestro sufrir, por nuestro mal moral, por nuestra frágil condición. Por ti, yo doy la vida por ti, quizás hoy no lo sepas o no lo quieras ver, pero cuando me entregué libremente y sin violencia alguna pensaba en ti, en que tú necesitabas hoy que yo te mostrara el camino del sentido.

Dejaremos unos 10 minutos de silencio para que los presentes puedan contemplar y orar

Canto: Tierra firme, te siento en mis pies descalzos,

¿Qué hacemos nosotros ante el sufrimiento del mundo?

Contemplemos a Jesús, su silencio, su oración, su tristeza y angustia, su petición de compañía y oración a sus amigos más íntimos, sus perseverancia en pedirles por segunda vez que velen y oren para acabar desistiendo, su confianza en Dios, su afrontar el conflicto, su mantenerse en sus opciones vitales, su aceptar su vulnerabilidad y utilizar como única coraza de protección la confianza en Dios, su acción decidida:  ¡Levantaos!, ¡vámonos!, su no querer sufrir pero aceptar el sufrimiento, su sí filial, su respuesta amorosa al amor primero: darlo todo, hasta la vida(no hay amor tan grande).

La actitud de Jesús debería engendrar en nosotros un deseo firme, una capacidad nueva: estar con Él, subir con Él a Jerusalén y acompañarle en su destino, sea el que sea. ¡Después ya se verá de lo que somos capaces!

¿QUIERES ESTAR CON ÉL, SUBIR A JERUSALÉN Y ACOMPAÑARLE EN SU DESTINO? ¿ESTÁS DISPUESTO A LEVANTARTE Y SEGUIRLE?

Señor, estamos aquí, queremos velar y orar contigo, estar a tu lado en esta hora definitiva, estamos aquí, sabemos que tú también estás. Oramos todos juntos así:

¡Oh Espíritu Santo!

déjanos sentir las caricias de Dios en nuestro dañado corazón,

haznos sensibles a su ternura y dóciles a su voz.

Ayúdanos a sentir la visita del amado, su presencia consoladora

que nos empuje a seguir a Jesús hasta el final,

a ser hombres como el hijo del hombre nos enseñó,

a romper las ataduras del pecado, que sentimos personal y socialmente,

¡Oh Espíritu Santo!

Danos persistencia en la oración,

Haznos capaces de velar y orar ante abismo del mal,

haz que salgamos fortalecidos para hacer de nuestra oración motor de nueva energía que nos lleve a comprometernos a construir nueva humanidad

¡Oh Espíritu Santo!

Acoge nuestra petición de perdón por nuestros pecados y por el pecado de todos los hombres,  

Haznos conscientes de los límites de nuestros dones cuando cesamos de cooperar con Dios.

Ayúdanos a mirarnos con tus ojos para entender que pese a que somos mediocres, lo que sucede en nosotros no lo es; y no lo es tampoco a tus ojos.

Canto: Como el padre me amó yo os he amado

Acabamos esta Hora Santa compartiendo lo que el Espíritu Santo ha ido moviendo en nuestros corazones, nuestra petición de perdón por nuestros pecados queda convertida en peticiones al Espíritu Santo para que interceda por nosotros y nos ayude en el camino de la conversión. Tras leer la siguiente oración varios voluntarios, vamos completándola libremente:

- Al contemplar la belleza y la verdad que supone para nosotros la vida de Jesús de Nazareth, el hijo del hombre, te pedimos Espíritu Santo que nos ayudes aencontrar a Dios.

- Al contemplar la entrega de Jesús, te pedimos Espíritu Santo que nos ayudes ahacer hueco en nuestro corazón a Dios para reordenar nuestras vidas.

- Al contemplar su amor, te pedimos Espíritu Santo que nos ayudes a configurarnos según el modelo de persona que nos propone Dios en Jesús, su palabra más auténtica.

- Al contemplar su confianza en Dios, te pedimos Espíritu Santo que nos ayudes aponer nuestra vida frágil en sus manos de alfarero.

- Al contemplar su oración al presentir todo lo que se le caía encima, te pedimos Espíritu Santo que pese a que queremos que apartes de nosotros el cáliz estamos dispuestos a vivirlo confiadamente.

- Al contemplar la ….. (ecos que la hora santa ha despertado en mí), te pedimos Espíritu Santo que nos ayudes a ….

Canto final: AL AMOR MÁS SINCERO (Javier Sánchez)

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