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Via Crucis

Vía Crucis

La Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús como nos las ha transmitido Mateo.

 

Primera Estación: La agonía de Jesús en Getsemaní. (Mt 26, 36-46)

“Me muero de tristeza, velad conmigo” Jesús pide apoyo y compañía para su momento más amargo. Los discípulos le prometen velar, pero se duermen.

Señor, que sepa velar contigo, hacerme cargo de tu tristeza y aliviar tu sufrimiento.

 

Segunda Estación: Jesús, traicionado por Judas,  es arrestado. (Mt 26, 47-56)

Van a prender a Jesús con muchos hombres armados de palos y espadas. Al que andaba entre la gente a diario, le prenden como si  fuera peligroso. Quizá temían más a su mensaje. Los discípulos, sintiéndose amenazados, huyen dejándole solo.

Señor, que me mantenga siempre a tu lado, especialmente en la hora del peligro.

Tercera Estación: Jesús es abandonado por los suyos. (Mt. 26, 31-35)

El buen Pedro, lleno de santa intención, promete fidelidad a Jesús, poniéndose por delante de los demás discípulos. Pero Jesús, que le conoce en el corazón, sabe que él también le abandonará.

Señor, ayúdame a conocer mis fuerzas, a no alardear de mi fidelidad a ti; que sepa presumir menos y demostrar más.

 

Cuarta Estación: Jesús es condenado por el Sanedrín. (Mt. 26, 59-67)

Jesús calla ante las falsas acusaciones, pero se mantiene firme a la hora de declararse Hijo de Dios. Sabe cuándo hay que callar, y cuando hay que defenderse.

Señor, que aprenda a no dejarme enredar en vanas discusiones, y a mantenerme firme en la defensa de mi fe.

 

Quinta Estación: Jesús es negado por Pedro. (Mt. 26, 69-75)

Pedro niega a Jesús. Cree que es un gesto frívolo, que no le traerá consecuencias. Pero le produce fuerte amargura; Jesús ha entrado en su corazón y en su vida con una hondura que le duele traicionar.

Señor, que me deje enseñar por Pedro a reconocer mi amor a Ti. Dame fuerza para reconocerlo en toda ocasión.

 

Sexta Estación: Jesús es juzgado por Pilatos. (Mt. 27, 11-21)

Jesús no se defiende de las acusaciones que le hacen ante Pilatos.  Deja que todos alboroten contra él, y queda manifiesto que no hay ninguna prueba en su contra.  Sufre la injusticia con valentía y calma.

Señor, dame valor y serenidad cuando la injusticia me toque de cerca.

Séptima Estación: Jesús es condenado a muerte. (Mt. 27, 22-26)

Pilatos condena a muerte a Jesús  obligado por su afán de popularidad ante el pueblo, más que por verdadera convicción. Su intuición le dice que no hay delito alguno que condenar, pero es débil y cede  a la presión. Toma una decisión injusta, y se sacude la responsabilidad.

Señor, dame fuerza para responsabilizarme de las consecuencias de mis actos. Que en mi vida y mis decisiones se note tu presencia.

 

Octava Estación: Jesús es azotado y coronado de espinas. (Mt. 27, 27-31)

Burlas, golpes, insultos… Jesús soporta todo con el espíritu firme. El peor tormento, del que podía haberse librado, lo asume porque  así lo ha querido Dios. Sabe que no todo ha de quedar ahí, que le espera algo más.

Señor, dame el valor que muestra Jesús.

 

Novena Estación: Jesús es ayudado por el Cirineo a llevar la Cruz.  (Mt. 27, 32)

El Cirineo se ve obligado a compartir el camino de Jesús y su carga. ¿Quién era? ¿Por qué estaba allí en aquel preciso momento?  ¿Se prestó voluntariamente? Nunca  lo sabremos, pero quizá su compañía alivió a Jesús su sufrimiento.

Señor,  ayúdame a verte en cualquiera que sufre, y a ofrecerme a ayudar.

 

Décima Estación: Jesús es crucificado. (Mt. 27, 33-40)

Parece que es el final: le humillan una vez más, ofreciéndole vinagre para beber, le quitan las ropas y le cuelgan. Se acaba su vida. ¿Y ahora, qué?

Señor, enséñame a ver más allá de lo que la realidad parece mostrar.  A mantener siempre la esperanza.

Undécima Estación: Jesús promete su reino al buen ladrón. (Lc. 23,39-43)

Junto a Jesús, dos ladrones. Uno recriminando, el otro paciente y esperanzado. Hasta en el último momento de la vida se puede reconocer a Jesús como  salvador. Y Él siempre responde.

Señor, dame humildad para verte y reconocerte como mi rey en todo momento.

Duodécima Estación: Jesús en la Cruz, su Madre y el discípulo. (Jn. 19, 25-27)

Jesús atiende a su madre, incuso desde la cruz, dándole la compañía del discípulo preferido. Así la salva de una existencia de miseria y exclusión.

Señor, dame sensibilidad para  detectar necesidades, y fuerza para resolverlas.

 

 

Decimotercera  Estación: Jesús muere en la cruz. (Mt. 27, 45-54)

La tierra tiembla, el sol se oscurece… Así nos cuentan el momento aterrador de la muerte de Jesús. Se van la vida, las promesas, la esperanza… Jesús se va, se sienten abandonados y solos.

Señor, concédeme fe fuerte para no sentirme abandona aunque no te vea.

 

 

Decimocuarta Estación: Jesús es bajado de la cruz y sepultado. (Mt. 27 57-60)

Un discípulo de Jesús,  acude a Pilatos a pedir su cuerpo. Con amor y respeto lo envuelve en una sábana limpia y le da digna sepultura. No teme comprometerse, sabe que actúa correctamente y contribuye a restaurar  la confianza y la serenidad  tras los hechos anteriores.

Señor, que aún entre la confusión y la desesperación, aprenda del discípulo José de Arimatea  a tener entereza y confianza en tus promesas.

Decimoquinta Estación: La  Resurrección de Jesús. (Mt. 28, 1-7)

Se cumplen las promesas y el cuerpo de Jesús desaparece del sepulcro. Un ángel de luz explica a las mujeres lo sucedido, y ellas corren, con miedo y gozo, a contarlo a los demás.

Señor, que el gozo de conocerte me rebose y se transmita a mi alrededor.

 

Conclusión. (Mt. 28, 20)

“Y sabed que yo estoy  con vosotros  todos los días hasta el fin de los tiempos”

 

1. JESÚS ES CONDENADO A MUERTE

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Condenado. No hay salida. Nada va a cambiar. Es de noche, noche cerrada. Sin respuestas. Sólo niebla. En el silencio aún retumba la condena. El no definitivo. Rotundo. Aplastante. Totalizador. Jesús es condenado a muerte. Ya no hay nada que hacer.

2. JESÚS CARGA CON LA CRUZ

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Cargar con la cruz, con la propia cruz, con la que nos quita la vida, cargar con la vida. Con los errores propios y ajenos, las deslealtades, las mentiras, el rencor, las dudas, el miedo, los lastres, el dolor. Cargar todo eso y seguir caminando.

3. JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Caer, por no poder soportar el peso, el agobio de cada día, la tristeza, la desesperanza, nos fallan las fuerzas

4. JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

¡Qué dolor! María no ha podido evitarlo, no ha podido impedir el sufrimiento de su hijo. No ha podido sostenerlo en su caída, ni levantarlo y abrazarlo en sus brazos como cuando era pequeño y caía en los caminos de Nazaret. Ha corrido junto a él, sólo puede recostarse en el suelo cerca de su rostro y sostener su mirada con amor infinito e inquebrantable. Como sólo puede mirar una madre.

5. JESÚS ES AYUDADO POR EL CIRENEO

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Jesús no puede solo con el peso de la cruz. Esta noche todos somos cireneos. El Señor cuenta con nosotros para aliviar el dolor de nuestros hermanos, el dolor del corazón de Dios al ver a sus hijos maltratados.

6. LA VERÓNICA LIMPIA EL ROSTRO DE JESÚS

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

El lienzo de la compasión, de la ternura, de la solidaridad, de la misericordia. Unas manos anónimas el ofrecen un gesto reconfortante, que permite recuperar el aliento y seguir adelante.

7. JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Y Jesús vuelve a caer. Los seres humanos caen, una y otra vez: el hambre, la soledad, la guerra, la pobreza. No son sólo palabras malditas de épocas pasadas. Parece increíble en nuestro siglo con tanta tecnología, con tanta posibilidad de comunicación, de justicia, que sigan cayendo hombres, mujeres, niños por todo el planeta y sufriendo las consecuencias del egoísmo y la necedad.

8. JESÚS CONSUELA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Mujeres de Jerusalén llorad, llorad también los hombres, pero llorad por los seres humanos que han perdido su dignidad, sus derechos, por los desesperados. Todo en el cielo clama por la justicia que se le debe hasta al último de los desposeídos.

9. JESÚS CAE POR TERCERA VEZ

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Jesús cae y el mundo sigue cayendo: en una patera que desaparece bajos las aguas del Estrecho, saltando las alambradas asesinas en las fronteras, colgando al final de una soga o de un bote de pastillas para no despertar jamás, en los sórdidos pasillos de una cárcel, en la muerte de la drogadicción y la desesperanza.

10. JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Desnudo, sin vestido, frágil, abandonado, vulnerable, sin hogar, sin trabajo, sin sentido.

11. JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

El dolor supremo, los clavos que atraviesan el cuerpo y el alma. El rechazo, la traición, la incomprensión absoluta. El miedo a no poder soportarlo más. El deseo de que todo termine, que todo cambie.

12. JESÚS MUERE EN LA CRUZ

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Todo se paraliza. Ha llegado el momento. La naturaleza toda aguanta la respiración. Junto a la cruz María, no comprende, no retira la mirada, no duda, no hay respuestas, no abandona. Es el final

13. JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

¿Dónde quedan los gozos de Belén?, ¿cuándo sentada junto al fuego escuchabas su convicción por el Reino en las noches de Nazaret?, ¿dónde las palabras de aliento por los caminos de Judea?, ¿dónde las risas compartidas en el taller, y las miradas cómplices en Caná?, ¿dónde la esperanza de un mundo nuevo para todos? Abraza Madre, abrázale fuerte, que aún sienta tu calor y todo tu amor a través de las heridas, que tu abrazo lo lleve hasta el abrazo infinito de su Padre.

14. JESÚS ES SEPULTADO

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

El gran silencio. Hace frío. Ya se ha puesto el sol. Llega la oscuridad. El sinsentido de los hombres. Ahora sólo queda esperar, confiar en su palabra. La única, la definitiva.

Vía Crucis

Primera  estación. La agonía de Jesús en Getsemaní. (Mt. 26, 36-46)

Los discípulos, confiados a sus fuerzas, ceden al cansancio y abandonan a Jesús.  Aunque El les pide que velen en su compañía, son incapaces de seguirle.

Señor: ayúdanos a mantenernos  despiertos y activos en la oración, para no ceder en la hora de la prueba. Que sepamos acompañarte con  fidelidad y  plegarnos a tus designios de corazón.

Segunda estación. Jesús, traicionado por Judas, es arrestado. (Mt.  26, 47-56ª)

Judas acude, con un tropel de gente armada, a detener a Jesús. Consuma su traición  refugiado en un grupo, como tantas veces nosotros nos escudamos en la influencia de la sociedad para  justificar nuestras traiciones.

Señor: somos cobardes, y no asumimos la responsabilidad de nuestros actos individuales. Pero tú nos conoces en el fondo de nuestro corazón, y nos llamas “amigo” hasta cuando te entregamos. Danos fuerza para resistir junto a Ti, y no ser nunca tus acusadores.

Tercera estación. Jesús es abandonado por los suyos. (Mt  26, 31-35)

Pedro, el valiente, reta a Jesús cuando éste le señala que será el primero en renegar de su amistad. Y todos se hacen eco de esa promesa. Promesa bien poco consistente, que pone de manifiesto la debilidad de espíritu de los amigos de Jesús.

Señor: nuestras palabras siempre van más allá de nuestra conducta, y nos jactamos de cosas que nunca vamos a poder cumplir. Danos fuerza para cumplir aquello a lo que nos comprometemos, y enséñanos la prudencia de medir nuestras fuerzas antes de hablar.

Cuarta estación. Jesús es condenado por el Sanedrín. (Mt 26, 59-67)

El consejo busca condenar a Jesús, aunque sea apoyándose en testimonios falsos.  Pero no encuentran nada. Su vida ha sido transparente, y su testimonio también. Y se agarran a su declaración de ser Hijo de Dios para  condenarle a muerte.

Señor: también nosotros  nos escandalizamos por lo radical de tu mensaje cada vez que nos exige cambios que no estamos dispuestos a aceptar. Danos fuerza para entregarnos por entero a tu causa, sin buscar excusas ni medias tintas.

Quinta estación. Jesús es negado por Pedro. (Mt  26, 69-75)

Pedro niega tres veces ser seguidor de Jesús. Se siente en peligro, y olvida la promesa que acaba de hacer. Después, se arrepiente y llora.

Señor: cuántas veces te negamos, cuántas pasamos de largo ante tu rostro, de cuánto llanto y amargura vienes tú a consolarnos. Si confiáramos en la  firmeza de tu amor, no nos veríamos así. Danos un corazón fiel, firme en tu seguimiento.

Sexta estación. Jesús es juzgado por Pilato. (Mt 27, 11-21)

Pilato, extrañado ante el silencio de Jesús y la falta de pruebas, apura el momento de entregarlo. Hasta él reconoce que Jesús no es culpable de ningún delito. Pero no es lo bastante fuerte para enfrentarse a los que le rodean.

Señor: en muchas ocasiones dependes de nosotros como lo hiciste de Pilato. Y tampoco sabemos ponernos a tu lado y reconocer tu importancia en nuestras vidas. Despierta en nosotros el orgullo de conocerte y ser tus amigos, para que no temamos dar testimonio de ti en cualquier circunstancia.

Séptima estación. Jesús es condenado a muerte (Mt 27, 22-26)

Pilato, arrastrado por la petición del pueblo suelta a Barrabás y condena a Jesús. Se suma así al grupo de los que no escucharon, ni comprendieron ni quisieron ver. Se lava las manos, desentendiéndose de la decisión y de sus consecuencias.

Señor: tantas veces, como Pilatos, te expulsamos de nuestra vida, incapaces de reconocerte como lo que eres. Renunciamos a tu trato y tu cercanía, y no vemos a dónde nos lleva el rechazarte.

           

Octava estación. Jesús es azotado y coronado de espinas. (Mt 27, 27-31)

A los soldados de Pilato no les bastó con la condena a muerte y los azotes. Disfrazaron a Jesús, haciéndole burla, en un intento de quitarle su dignidad. Pero Jesús soportó todo con mansedumbre, para que se cumpliera lo escrito, sin quejarse.

Señor: ayúdanos a sabernos en todo momento hijos tuyos, y a llevar con orgullo tu nombre, convencidos de que nada es más importante que sufrir por tu causa sin renegar de Ti.

Novena estación. Jesús es ayudado por el Cirineo a llevar la cruz. (Lc 23, 26-31)

Simón de Cirene pasaba por allí, y se cruza con el gentío que seguía a Jesús.  Se ve obligado a cargar con la cruz de otro,  cuando volvía de sus tareas cotidianas en el campo.

Señor: entre nuestros quehaceres diarios nos encontramos muchas veces con otras personas que soportan cruces muy pesadas. Ayúdanos a darnos cuenta de los pesares ajenos y a ofrecernos para aliviar su carga.

Décima estación. Jesús es crucificado. (Mt 27, 33-40)

Humillado, aparentemente vencido, colgado de la cruz y custodiado por soldados que se echan a suertes sus ropas. Condenado como un delincuente a sufrir una muerte de  delincuente. Ante un Padre que no ha querido ahorrar a su Hijo tal sufrimiento. Solo.

Ante tu cruz, Señor, sólo podemos inclinarnos. Lo has dado todo por nosotros. ¿Qué vamos a hacer nosotros por ti?

Undécima estación. Jesús promete su reino al buen ladrón. (Lc 23, 39-43)

Los ladrones colgados junto a Jesús discuten. Uno le desafía a mostrar su poder. El otro, por el contrario, siente el amor de Dios en su corazón, y le pide humildemente que no le olvide en la hora de la Gloria. El que se muestra humilde frente al mayor poder obtiene la promesa de la compañía eterna de Jesús en el paraíso.

Señor, somos como el  bandido, que sin haberte hecho caso nunca, aún nos atrevemos a reprocharte nuestra situación. Danos el espíritu del buen ladrón, que supo reconocerte y creer en ti en la hora del abatimiento.

Duodécima estación. Jesús en la cruz, la madre y el discípulo. (Jn 19, 25-27)

Jesús se preocupa por la suerte de su madre, que al quedarse sin su hijo estará a merced de la caridad de los extraños. Por eso une su destino al de su discípulo favorito, encomendándole su cuidado.

María, Madre de Dios y Madre  Nuestra: transmítenos tu espíritu maternal, para que sepamos tratarnos como hijos amados de Dios.

Decimotercera estación. Jesús muere en la cruz. (Mt 27, 45-54)

Jesús entrega el espíritu en un lamento desgarrador al sentirse abandonado. Ese lamento, y los acontecimientos que le siguieron, hicieron a muchos reconocer que Jesús no era uno de tantos.

Señor: tantas veces nos has enseñado quién eres, y no sabemos reconocerte hasta que nos faltas.  Danos ojos agudos y corazones abiertos para verte en nuestros prójimos y en todas las circunstancias de nuestra vida.

Decimocuarta estación. Jesús es bajado de la cruz y sepultado. (Mt 27, 57-60)

José de Arimatea cumple con la tradición de enterrar a Jesús, y le da sepultura como si fuera de su familia. No tiene miedo. Los que no están tranquilos son los sumos sacerdotes y los fariseos, que piden a Pilato que disponga una guardia frente a la tumba, por si acaso…

Señor, haznos firmes en el valor de reconocer que creemos en Ti. Danos claridad de mente, sinceridad de corazón y espíritu valiente para ser siempre testigos tuyos. Que no nos falte nunca la serenidad que viene de la confianza en ti.

Decimoquinta estación. La resurrección de Jesús. (Mt 28, 1-7)

Un ángel anuncia a las mujeres que Jesús ya no está en la tumba. Y ellas sienten  miedo ante lo que no saben explicar. Sienten miedo, y también una alegría honda que les hace ir corriendo a buscar a los demás discípulos para contarlo todo. Y, en ese camino gozoso, ven a Jesús.

Señor: que conocerte nos llene siempre de gozo, y nos dé  la urgencia de salir corriendo a contarlo.

Conclusión. (Flp 2, 6-11)

“Entre vosotros, tened la misma actitud del Mesías Jesús: Él, a pesar de su condición divina, no se aferró a  su categoría de Dios, al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, haciéndose uno de tantos. Así, presentándose como simple hombre, se abajó, obedeciendo hasta la muerte, y muerte en cruz. Por eso Dios lo encumbró sobre todo y le concedió el título que sobrepasa todo título, de modo que a ese título de Jesús, toda rodilla se doble, -en el cielo, en la tierra, en el abismo- y toda boca proclame que Jesús, el Mesías, es Señor, para gloria de Dios Padre”.

LA CORONA DE LOS SIETE DOLORES DE LA VIRGEN

(Son muchos años ofreciendo “Via Crucis” y dentro de las devociones populares tenemos muchas otras celebraciones. Este año, hemos decidido ofreceros esta).

En la piedad del Pueblo de Dios, se tiene muy en cuenta la figura de la Madre de Jesús, que es también la Madre de la Iglesia. La Piedad, la Soledad, la Virgen de los Dolores ocupan un lugar importante en las expresiones de amor y de com-pasión de muchos cristianos ante los duros momentos del Hijo en su Semana Santa. Ese dolor, esa pena de Jesús, son también la pena y el sufrimiento de la Madre, pero no solo en la Pasión: María sufre con él y por él desde el anuncio de su concepción. La corona de los siete dolores no resulta muy bíblica en todos los momentos que contempla, pero es la manifestación de la piedad y la participación de todos en el sufrimiento del Señor Jesús, unido al de la Madre común. Porque también ella nos hace hermanos.

PRIMER DOLOR: LA PROFECÍA DEL ANCIANO SIMEÓN

-¡Dios mío! Qué nos ha dicho este hombre de Dios, cuando todo era alegría en nosotros por el nacimiento de Jesús. Es un hombre de Dios, no cabe duda, pues lo ha reconocido como el Salvador con solo verlo. Pero ha dicho que será signo de contradicción. ¿Cómo será eso, si procede de Dios, si es tan esperado por todo el pueblo? Y ha añadido que a mí una espada me traspasará el alma. ¿Qué querría decir con eso? Me han inquietado sus palabras.

Tan solo unos días después de su nacimiento, las palabras de Simeón preocuparon a José y a María. Dios hablaba por sus labios. En efecto, Jesús no iba a ser aceptado y reconocido por todos, por eso sería signo de contradicción. La religión que se vivía oficialmente en Jerusalén no era auténtica. Estaba llena de conveniencias e intereses personales y de grupos sectarios. Jesús propondrá un paso hacia la autenticidad de fe con la vida que no estarán dispuestos a dar. Esa distancia entre Jesús y las autoridades dará con él en la cruz. Su muerte violenta será la espada anunciada que traspasará el alma de María.

Dios te Salve, María, llena eres de gracia… Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo…

SEGUNDO DOLOR: LA HUIDA A EGIPTO

-Hoy me ha inquietado José. Me ha dicho que Dios le ha hablado en sueños para que nos vayamos a Egipto, pues Herodes persigue matar a Jesús. Todavía no me he repuesto del parto, y ahora tenemos que huir. Un largo viaje para salvaguardar la vida del pequeño Jesús. Y nuestras familias quedan en Nazaret. ¿Qué vamos a hacer allí nosotros solos? No conocemos a nadie y vamos a ser extranjeros. ¿Cómo podremos salir adelante? Seguro que Dios nos proveerá, pero si José no tiene allí taller ni herramientas…¿Será por mucho tiempo?

Un viaje a la inversa del Éxodo. Donde el pueblo de Dios fue esclavo, ahí va ahora Jesús con su corta familia. Pero fue allí donde Dios se manifestó a los suyos, donde actuó para darles la libertad, donde fundó el pueblo de Israel propiamente y donde estableció alianza con él. Moisés lo condujo por el desierto hacia la libertad. Así será, de nuevo con Jesús. Salido de Egipto, como Moisés, conducirá al pueblo a una libertad más profunda, a una nueva alianza. Venido de Egipto, Jesús será el nuevo y definitivo libertador del nuevo pueblo que Dios ha escogido y que es la entera humanidad.

Dios te salve, María, llena eres de gracia… Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo…

TERCER DOLOR: JESÚS, PERDIDO Y HALLADO EN EL TEMPLO

-¡Dios mío; que no encontramos a Jesús! Yo estaba convencida de que iría con José. Y él pensó que iba conmigo en la caravana. ¡Qué angustia y qué agobio! Y al final, resultó que ni con uno ni con otro. Tuvimos que volver a Jerusalén y, gracias a Dios, que lo encontramos en el templo. Por cierto, que acabó él reprochándonos a nosotros por no entender que estuviera ocupándose de las cosas del Padre. ¡Hay tantas cosas que se nos escapan de nuestro Jesús! Dios nos confió esta misión, y ¡qué difícil! Yo sé que Dios nos ayuda y se preocupa de nosotros y que nos ayuda a cuidarlo y a enseñarle; pero hay veces que nos preguntamos si estaremos acertando…

Prioridad de la autoridad del Padre con respecto de la de José y María. Este es el mensaje que encierra el episodio del niño perdido y hallado en el templo. También que Jesús tenía conocimiento de quién era ya desde pequeño. José y María debieron sentir un verdadero desasosiego al ver que habían perdido a Jesús con doce años. ¡Dios les había confiado tanta responsabilidad! ¿Y ahora qué? No han sabido cuidar de él, se culparían. ¿Le habrá ocurrido algo malo? ¿Qué estará viviendo él en estos momentos? Sin embargo, Jesús estaba ajeno a la preocupación de sus padres y al viaje de vuelta. Más bien, el niño estaba a lo suyo, a la misión divina y trascendente que había recibido.

Dios te salve, María, llena eres de gracia… Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo…

CUARTO DOLOR: MARÍA Y JESÚS SE ENCUENTRAN CAMINO DEL CALVARIO

-¿Pero qué es esto, Señor? ¿Qué te están haciendo, Jesús? ¿Pero por qué? Si tú no has violado ninguna ley; si tú eres bueno por tu propia naturaleza. Si eres el Hijo del Espíritu Santo. ¡No saben quién eres en verdad! ¡Díselo, díselo, que te soltarán si se lo dices! Estás todo ensangrentado; ¿qué te han hecho? Estás magullado y malherido… ¡Mi hijo; hijo del alma; mi Jesúuuuuuuuuusss! ¡Quitadle ese madero; quitádselo; ¿no veis que no puede?! Soltadlo, es mi hijo, es un hombre bueno, soltadlooooooo! ¡Pero, pero… por el amor de Dios..!

Cuántas preguntas sin respuesta. ¿Por qué le sucede esto a su buen Jesús? ¿Por qué lo detuvieron? ¿Por qué el acto público en el pretorio? ¿Por qué han indultado a Barrabás? ¿Por qué está pasando esto? No, no es un sueño ni una mala pesadilla. Es real; Jesús ha sido maltratado hasta el extremo y lo llevan a matar en una cruz. Cuál es peor: el dolor físico del hijo o el dolor moral de su madre? ¿Qué madre podría soportar ver a su hijo en esas condiciones? Y la pregunta última: ¿Era este el designio con que se encarnó en sus entrañas? ¿Se estaba haciendo en esto la voluntad de Dios?

Dios te salve, María, llena eres de gracia… Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo…

QUINTO DOLOR: LA MUERTE DE JESÚS EN LA CRUZ

¿Por qué? ¿Por qué, Dios mío, por qué? ¿Por qué muere así mi hijo… Como un bandido, como un ladrón, como un asesino…? Él, que solo había hecho el bien a los demás… Había ayudado a todo el que ha podido. Había curado a los enfermos… Había vuelto a la vida a los muertos… Él, que hablaba del amor con el que Dios ama a la humanidad… De la misericordia y del perdón… ¿Por qué yo estoy teniendo que vivir esto…? ¿Por qué he tenido que ver a Jesús morir, Dios mío? ¿Por qué no me has llevado antes a mí?

Ninguna de sus preguntas obtiene respuesta en esos momentos. Todos los que le aman se preguntan, pero Dios calla, guarda silencio. En verdad, toda madre que ve morir a su hijo se hace las mismas preguntas. Pero ninguna se responde entonces. Solo el tiempo que pasa y lo que sucede después dan una respuesta satisfactoria en el caso de Jesús, pero no en todos los demás casos. Dentro de todo, María vivió la más dura experiencia que puede vivir una madre: ver morir a su hijo y, además, en circunstancias trágicas, ajusticiado como un malhechor. Pero Jesús había aceptado su muerte; había ofrecido voluntariamente su vida al Padre. Su significado profundo no podía verse en el Gólgota, pero lo que allí ocurrió cambió para siempre la suerte de la humanidad. Jesús fue fiel por todos.

Dios te salve, María, llena eres de gracia… Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo…

SEXTO DOLOR: EL CUERPO DE JESÚS, ENTREGADO A SU MADRE

Llanto. Llanto y dolor extremo. María no puede decir nada. Gritos desgarrados, amargura, desolación. El cuerpo del hijo amado, del hijo del alma, yace, yerto, en el regazo de la Madre…

La imaginería de la escena de la Piedad suele colocar a la Virgen delante de la cruz, con el hijo muerto sobre sus rodillas. Está como para poderla apoyar. Un momento así, aun sentada en el suelo, es como para no poder guardar el cuerpo erguido sin un apoyo detrás. La ausencia de la cruz y el rostro sereno de María en la obra maestra de Miguel Ángel contrastan con el gesto horrorizado, los brazos abiertos –suplicantes las manos- y la gran cruz que apoya la espalda de  la madre en la obra maestra de Gregorio Fernández. Así le devuelven a su Jesús. Muerto y escarnecido se lo dan. Humanamente, no hay lugar para otra cosa que no sea el llanto, el espanto, el grito y el ahogo que son producidos por una gran frustración. ¿Qué otra cosa se puede hacer sino aceptar al hijo muerto? Pero la aceptación se hace con un sentimiento de impotencia indescriptible.

Dios te salve, María; llena eres de gracia… Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo…

SÉPTIMO DOLOR: LA SEPULTURA DEL CUERPO DE JESÚS

-Me han dado muerto a mi hijo y, además, me lo retiran con prisas… Hay que sepultarlo antes de que atardezca, pues la caída del sábado –este sábado es la pascua judía- impediría enterrarlo antes del domingo con las primeras luces. Dicen que este hombre, José, que era amigo de mi hijo, ha ofrecido un sepulcro cercano de su propiedad. Ya su cuna le fue prestada; ahora, también el sepulcro. No tuvo donde nacer ni donde ser enterrado. Nada fue suyo. Pero… ¿cómo hemos llegado a esto? ¿Cómo es posible que la vida de Jesús acabe aquí de esta manera? ¿Y todo lo que me fue anunciado? ¿Y las veces en que Dios habló desde el cielo para decir que ahí estaba su Hijo amado? Dios sabe lo que hace y nada se sale de su designio, pero ahora no puedo pensar, no puedo comprender qué está pasando… Yo no había contado con esto.

El momento del sepulcro es el último dolor de la Virgen María. Es un momento cargado de emoción, pero todo sucedió muy deprisa. El atardecer en Palestina al comienzo de la primavera es temprano y, al caer el sol, se iniciaba ese sábado solemne de la pascua judía. María acompaña, asiste a la escena con aceptación e impotencia. Su mente no puede pensar. Ni siquiera recuerda los anuncios de su resurrección. María acepta lo que ocurre y lo deja en las manos de Dios, porque, pese a todo, ella sigue con su confianza puesta en Dios. Aunque sus ojos solo pueden mirar como miran los ojos de los hombres, percibiendo todo lo que ocurre pero viviéndolo con profundo sufrimiento. Piedad, misericordia, perdón… son palabras que estuvieron en la boca de Jesús en sus últimos momentos, pero que ahora aún no pueden salir de los labios de María. Volver a Jerusalén dejando sepultado el cuerpo de Jesús es la total desolación. A nadie en el mundo se le podría pedir un padecimiento mayor que el de María.

Dios te salve, María; llena eres de gracia… Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo…

FINAL

La sepultura de Jesús no va a ser algo definitivo. Más bien será una sepultura muy provisional. El dolor de la madre se convertirá muy pronto en gozo y alegría; el fracaso aparente de su vida se tornará en un derroche de generosidad y de amor de Dios por nosotros, que le va a llevar a la gloria por toda la eternidad. El hijo de María, que es también el Hijo de Dios, resucitará del sepulcro y será constituido Señor de cielo y tierra. María estuvo presente en los comienzos de la vida de la Iglesia y cuánto tuvo que disfrutar de las reflexiones y las narraciones de Juan, el discípulo amado, sobre Jesús. Con él vivió, según la tradición, hasta el final de sus días.

Santa María, Virgen de la Alegría, ruega por nosotros.

Propongo para este año un Via Crucis diferente. Otros años escribí el clásico y los que podemos obtener de las narraciones evangélicas en sus cuatro versiones. Este Via Crucis de la actualidad nos recuerda y nos hace presente que Jesús sigue sufriendo en la violencia y la injusticia de hoy. El Viernes Santo no acabó con el dolor de Dios. Hoy Dios continúa muriendo en los hombres que mueren por causa de otros hombres. Comencemos, pues, el Via Crucis de 2011.

PRIMERA ESTACIÓN

COMUNIDADES CRISTIANAS SON MASACRADAS EN EGIPTO, AFGANISTÁN  E IRAK

-Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos.

-Pues, por tu santa cruz, redimiste al mundo.

Señor, en los cristianos perseguidos, tú sigues siendo perseguido hoy. Dales la fortaleza que dan la fe y la esperanza para no decaer en su pasión particular. Que su sangre sea semilla de paz para el mundo. Amén.

SEGUNDA ESTACIÓN

TODA UNA ALEDA CRISTIANA ES INCENDIADA Y ARRASADA EN LA INDIA

-Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos.

-Pues, por tu santa cruz, redimiste al mundo.

Señor, llama tú a las puertas de todas las religiones. Que los fanáticos no causen mayores perjuicios. Que nadie pueda hacer daño a sus semejantes invocando tu nombre. Que tu nombre sea fuente de paz y de amor para las religiones. Amén.

TERCERA ESTACIÓN

INTENTAN QUEMAR, POR NAVIDAD, UN TEMPLO CRISTIANO EN MADRID

-Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos.

-Pues, por tu santa cruz, redimiste al mundo.

Señor, ayuda a los cristianos a no ser intolerantes con los que con nosotros son intolerantes. No es fácil pagar con un bien un mal tan grande. Sobre todo, no dejes que el odio se adueñe de nosotros, y haz que las autoridades defiendan en toda circunstancia la libertad de expresión, de religión y de conciencia. Amén.

CUARTA ESTACIÓN

LOS ABORTOS PROVOCADOS SUPERAN EN ESPAÑA CADA AÑO LOS CIEN MIL CASOS

-Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos.

-Pues, por tu santa cruz, redimiste al mundo.

Ya ves, Jesús. Tantos siglos después y se sigue condenando a muerte a los que no tienen ningún pecado, a los inocentes. Y lo peor es que crece la aceptación social de esta masacre en nombre de la libertad. Que tu luz nos ayude a diferenciar cuándo un bien en conflicto es superior a otro, que nadie puede decidir sobre la vida de otros. Amén.

QUINTA ESTACIÓN

LA PENA DE MUERTE SIGUE VIGENTE EN MUCHOS PAÍSES, DE ORIENTE Y DE OCCIDENTE

-Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos.

-Pues, por tu santa cruz, redimiste al mundo.

Parece que no fue suficiente con tu muerte, Señor. Algunos estados han suprimido la pena capital en este año, pero otros muchos usan de la horca, de los fusiles, de la lapidación para impartir una "justicia" que no cree en la evolución de la madurez en el ser humano, ni en la rehabilitación, ni en la misericordia. Sólo mira el castigo... ¿merecido? Que los cristianos levantemos nuestra voz contra la misma pena que a ti te aplicaron. Amén.

SEXTA ESTACIÓN

LLEGAN A CIFRAS DE ESCÁNDALO LOS CASOS DE MUJERES MALTRATADAS Y ASESINADAS

-Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos.

-Pues, por tu santa cruz, redimiste al mundo.

Es otra de las circunstancias en las que vemos la desviación de la conciencia humana. Ayúdanos a entender, Señor, que ni el hombre es superior a la mujer en derechos y dignidad ni al revés. Que el poder de la fuerza no se imponga a la razón. Que las parejas diriman sus diferencias desde el amor que las unió. Amén.

SÉPTIMA ESTACIÓN

MÉXICO VIVE EN UNA OLEADA PERMANENTE DE ASESINATOS EN MASA

-Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos.

-Pues, por tu santa cruz, redimiste al mundo.

Lo peor de todo es que podemos acabar acostumbrándonos a que haya muertos hoy y mañana también; que integremos la violencia de tal modo en nuestras vidas que ya no nos llame la atención. Dicen que son ajustes por drogas. Pero caen los políticos que quieren poner orden. Ayuda al pueblo de México, al pueblo de Ntra. Sra. de Guadalupe, a salir de este calvario. Amén.

OCTAVA ESTACIÓN

UN NIÑO DE 14 AÑOS ES TIROTEADO A QUEMARROPA POR LA POLICÍA EN BRASIL

-Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos.

-Pues, por tu santa cruz, redimiste al mundo.

¿Qué delito puede justificar algo así? Si los que tienen la responsabilidad de mantener el orden llegan a ese grado de corrupción y de inhumanidad... Señor, inspira a todos, con tu cruz y tu resurrección, la paz interior y la serenidad de corazón, para que no vuelvan a suceder cosas como éstas. Amén.

NOVENA ESTACIÓN

UN MENOR ASESINA A UN SACERDOTE DE 26 AÑOS EN PLENA CALLE EN COLOMBIA

-Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos.

- Pues, por tu santa cruz, redimiste al mundo.

No sabemos qué "crímenes" habría cometido un sacerdote recién ordenado que estaba jugando con los niños, pero el asesino era un sicario. ¿Qué sociedad es ésta, que convierte a niños en asesinos a sueldo? No dejes, Señor, que la humanidad pueda degenerar tanto. Que escuche tu Evangelio, que aprecie y que abrace tu ejemplo de sacrificio. Amén.

DÉCIMA ESTACIÓN

UN SOLDADO DE LOS ESTADOS UNIDOS AMETRALLABA CIVILES EN AFGANISTÁN "POR DIVERSIÓN"

-Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos.

- Pues, por tu santa cruz, redimiste al mundo.

Otro duro golpe a la racionalidad de la condición humana. ¿Estamos creando agentes del orden o estamos creando monstruos? ¿No detectaron los informes psicológicos el desorden de la mente en ese muchacho? Señor, que el creernos más fuertes que otros sólo nos lleve a servirles más y mejor; que descubramos que toda guerra es, en sí, un fracaso. Amén.

UNDÉCIMA ESTACIÓN

EL TERRORISMO SIGUE SEMBRANDO LA SANGRE Y EL DOLOR EN EL MUNDO

-Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos.

- Pues, por tu santa cruz, redimiste al mundo.

Es un problema mundial muy serio, pero tiene las raíces y las causas más diversas. Al final, siempre se manifiesta en forma de violencia, de muerte y de dolor. Otorga, Señor, a los que ejercen el terrorismo una luz que les ayude a ver el sin sentido del dolor que causan; y a los que deben luchar contra él, dales lealtad a sus ciudadanos y responsabilidad en su misión. Amén.

DUODÉCIMA ESTACIÓN

LOS DESASTRES NATURALES DESENMASCARAN LA INSOLIDARIDAD INTERNACIONAL

-Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos.

- Pues, por tu santa cruz, redimiste al mundo.

Un año después, Haití sigue arrasado y la gente, bajo plásticos o lonas. El desastre de Japón está más reciente. ¿Han tocado nuestra solidaridad las catástrofes de Haití y de Japón? ¿O seguimos quietos porque "no podemos hacer nada"? Señor, que ningún sufrimiento sea visto como ajeno por aquellos que creemos en ti; en ellos se prolonga tu pasión. Amén.

DECIMO TERCERA ESTACIÓN

GADAFI LANZA AL EJÉRCITO CONTRA LA POBLACIÓN CIVIL EN LIBIA

-Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos.

- Pues, por tu santa cruz, redimiste al mundo.

Creíamos que ningún ser humano sería capaz de tal perversión. Ahora vemos que el apego al poder no tiene límites ni moral.  Asiste y socorre, Señor, al pueblo libio; líbralo de tan perverso gobernante y que tu fuerza le sostenga y acompañe para superar este momento difícil y pueda, reconstruido su país, vivir en paz y en libertad. Amén.

DÉCIMO CUARTA ESTACIÓN

SE UTILIZA EL RECURSO A LA GUERRA SIN INTENTAR LA VÍA DIPLOMÁTICA

-Te adoramos, oh, Cristo, y te bendecimos.

-Pues, por tu santa cruz, redimiste al mundo.

Lo defienden los periodistas con experiencia en coberturas bélicas: Es imposible bombardear objetivos militares y no hacer daño a la población civil, sobre todo cuando es usada como escudos humanos. Era el camino más corto y rápido. ¿Por qué no se puso en marcha la vía diplomática antes de actuar en Libia? Ayúdanos, Señor, a que no nos acostumbremos a justificar las guerras; que busquemos antes, siempre, las soluciones pacíficas y negociadas. Amén.

El Via Crucis, el Camino de la Cruz, culmina en el Gólgota. Pero el Gólgota no es la última etapa, sino la resurrección. La sangre y el dolor dan paso al gozo y a la eternidad. Sabemos que también el Señor hará de todo este dolor causa de felicidad eterna. Ojala que, mientras ese día llega, sepamos hacer cada vez más de esta tierra el cielo anticipado que Jesús nos enseña en su Evangelio. Amén.

JUAN SEGURA

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