El próximo 8 de mayo celebramos la Ascensión del Señor y leemos Lucas 24, 46-53. El texto recoge los últimos versículos del Evangelio de Lucas, en los que Jesús les explica a los discípulos lo sucedido en la resurrección según las Escrituras, les hace ver cuál será su misión y les promete el Espíritu Santo, luego los saca de la ciudad y les bendice mientras sube al cielo, y los discípulos se vuelven contentos a Jerusalén.
La resurrección de Jesús les permite a los discípulos entender lo que estaba escrito de Él en el Antiguo Testmento y así se convierten en garantes del hecho para quienes vendremos después. Jesús les envía a procamarlo por todo el mundo, dando comienzo una nueva etapa en la Historia de la Salvación, la etapa del Espíritu, la etapa de la Iglesia, avocada a llevar esa misión a su plenitud.
Tal vez lo más reseñable sea que los discípulos se quedan mirando al cielo con los pies en la tierra. Poco más o menos, lo mismo que debemos seguir haciendo: ir hacia Dios, pero sin abandonar la realidad, sin olvidarnos que tenemos hermanos a nuestro lado a quienes debemos acompañar en esa tarea de descubrir a Jesucristo como Señor de nuestra historia.
Jesús nos promete su Espíritu, para empezar la misión debemos esperar a que nos llegue ese don, pero con Él, con el Paráclito, podremos hacer los signos y prodigios que Él hizo cuando caminaba entre nosotros.
¿Realmente sientes la presencia de Jesús resucitado en tu vida? ¿Te crees capaz de continuar su misión? ¿Te quedas mirando al cielo abandonando la realidad o tienes los pies en la tierra y acompañas a quienes tienes a tu alrededor hacia Dios?