Logonuevo

 
 

Este 19 de marzo celebramos el 3 er. Domingo de Cuaresma y leemos el pasaje de la Samaritana en Juan capítulo 4 vv. del 5 al 42.

En el marco de la cuaresma se nos ofrece este texto como clave de nuestro camino hacia la Pascua. Y ese camino pasa por reconocer en Jesús al Señor de nuestras vidas. Por descubrir en Él a aquel que puede satisfacer todas nuestras necesidades, como el que nos conoce de tal forma que nos puede satisfacer en todos los aspectos de nuestra vida. El texto nos muestra cómo todos, cualquiera, tenga la condición que tenga, podemos obtener esa revelación, cuanto más sencillos seamos, mejor, para llegar a confesar a Jesús como Señor de mi vida.

El pasaje nos presenta el proceso que se sigue para llegar a esa confesión, para obtener esa revelación. Al principio, el diálogo parece imposible. Jesús, en un primer momento, suscita la curiosidad en la samaritana, y comienza el diálogo, para después pasar a tocar su corazón, mostrando la esencia de su ser. Una vez que Dios ha entrado en nuestras vidas, no podemos sacarlo de ahí. Una vez que nos ha tocado el corazón no podemos por menos que pregonarlo.

Como telón de fondo está el tema del deseo, de la satisfacción del deseo, aunque sea de una necesidad tan humana como el beber. Y, ya sabéis, lo que eso supone. Nuestro deseo es insaciable y debemos de educarlo.La samaritana encontró la verdadera fuente de agua viva y su sed se calmó. Nosotros la tenemos permanentemente al alcance de la mano, y sin embargo, no nos paramos en el camino junto a ese hombre que espera en el pozo, signo de vida.

¿Reconoces a Jesús como Señor de tu vida? ¿Tienes curiosidad por Él? ¿Has dejado que toque tu corazón, que te conozca? ¿Te conoces a ti mismo para que Él pueda llegar a conocerte?


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