Logonuevo

 
 

Este 26 de marzo celebramos el 4º Domingo de Cuaresma y leemos Juan 9, versículos del 1 al 41.
De nuevo nos encontramos con un texto amplio. En esta ocasión nos encontramos con un signo de las obras de Dios, la curación de un ciego de nacimiento al que envía a lavarse a la piscina de Siloé, que quiere decir “el Enviado”. Lo hace en sábado, y esto lleva a una controversia con los fariseos que le cuesta al ciego la expulsión de la comunidad judía.
El pasaje le sirve al evangelista para jugar con una paradoja: el ciego ve y los que no están ciegos ven.
Nos encontramos con diferentes actitudes ante la figura de Jesús, unos lo ven como maestro, otros como pecador, pero sólo el ciego lo ve como el enviado. Sólo los que tienen la humildad de reconocerse vinculados al Señor son capaces de descubrir la verdadera identidad de Jesús como señor de todas las cosas.
Lo cierto es que la enseñanza para nosotros hoy en esta cuaresma es que tenemos que despojarnos, que tenemos que abandonar nuestras seguridades, nuestros conocimientos, reconocer nuestra ceguera para poder ver, porque son, o somos quienes nos creemos en posesión de la verdad, quienes de verdad están ciegos, quienes como los fariseos no se enteran de qué va la fiesta.
La pregunta, en estos días de cuaresma, es sencilla ¿en qué grupo te sitúas? ¿estás dispuesto a perder tus seguridades? ¿te reconoces ciego o estás ciego?

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