Logonuevo

 
 

¡Cuántas veces habré escrito la palabra infinito!, ¡Cuántas veces para hacer referencia a números, a resultados matemáticos, a cualidades como la paciencia o la imaginación! ¡Qué fácil parece entender esto!
San Juan nos habla del Misterio, nos introduce este mismo concepto de infinito que usamos tan a la ligera, pero él lo aplica a la Palabra, esa Palabra que nos da la luz que nos da la vida, ella es infinita y existía desde siempre y existirá por siempre, esa Palabra que es Dios mismo.
Juan no nos presenta para hoy ese escenario tan bonito, tan familiar, conocido y querido por nostros que es el belén. Eso fue para ayer, hoy Jesús ha nacido, hoy esa Palabra se ha hecho carne y habitará entre nosotros por siempre, no importa que hoy sea niño o que mañana sea crucificado, Él es infinito.
Hace unos días vi por el colegio unos carteles que decián algo así como "Jesús no va a venir….. porque nunca se ha marchado". Y efectivamente, Él es la Palabra, Él da respuesta al misterio.
Jesús, el Hijo de Dios, ha venido a nuestras casas, es mandado para dar luz a nuestra vidas, para salir de las tinieblas, ya nada será igual, es la respuesta al misterio, es el Sentido. Después de reflexionar con las palabras de Juan, se me antoja más fácil de entender este misterio antes que ese resultado matemático que dice algo dividido entre 0: infinito. Y si es así, dejemos pues que Jesús ilumine nuestras vidas.
Y después de meditar sobre este Evangelio y ponerme a escribirlo me doy cuenta que, a nivel personal, me ha servido más meditar sobre la Palabra, que esforzarme en asistir, aunque sólo fuese de cuerpo presente a cientos de actos religiosos vacíos, siento que pararme a escribir ha hecho que llegue ese "momento", en el que Dios se digna tocarte el corazón, ese "momento" de conversión, de esas que dicen que sólo se dan una vez en la vida.

Este 11 de diciembre celebramos el tercer domingo de Adviento y leemos Mt 11, 2-11. El texto en que los discípulos de Juan, que está en la carcel, van a preguntarle a Jesús si es al que hay que esperar o a otro, y la contestación de Jesús que les remite a los hechos. Entonces Jesús revela lo que Juan realmente es.

Al parecer a Juan no le entraba en la cabeza lo que estaba viendo, el mesianismo de Jesús, seguramente no era el que esperaba. De ahí que mande a preguntar si a Él era al que debían esperar, y Jesús sale airoso, sólo les dice que observen lo que hace y que sean ellos quienes disciernan si es eso lo que están esperando, refiriendo lo que había dicho el profeta Isaías. El mesianismo político que Juan esperaba se ve truncado por el mesianismo profético que Jesús tiene en su cabeza.

Después aprovecha que se han ido los discípulos de Juan para elogiar su figura, qué es lo que supone para él, para nosotros, para los de su tiempo…

En el evangelio de hoy se comienza a hacer presente el Reino entre nosotros, Jesús se empieza a revelar como lo que es. Un Dios hecho hombre como nosotros, que se rebaja hasta someterse a nuestra condición. El Reino se inaugura, el nacimiento del niño, en su debilidad, nos anuncia y preconiza la grandeza de un Dios que se nos encarna. Se rebaja hasta hacerse un niño con el que comienza todo y todo es nuevo. Cristo se hace hombre y con él el Reinado de Dios comienza entre nosotros. Nuestra misión es, con su ayuda, completar esa instauración del Reino de Dios. ¿Cómo lo hacemos? ¿Cómo ayudamos a Cristo en ese mesianismo que quiere instaurar? ¿anunciamos el reino a los pobres, hacemos hablar a los mudos, andar a los cojos… o nos conformamos con lo que tenemos?

Este 18 de diciembre celebramos el cuarto domingo de Adviento y la liturgia nos ofrece el relato del sueño de José ante la duda de si acoger o no a María tras quedarse embarazada en Mt 1, 18-24.

De nuevo, el Evangelio nos ofrece un ejemplo de confianza. José toma una decisión y en sueños Dios le transmite que no se ha equivocado, después el evangelista nos cita al profeta para corroborar la visión. E incluso le dice el nombre que le pondrá, con lo que ello supone para los israelitas, el hecho de poner el nombre es un derecho de la paternidad

Se nos presenta la figura de José, lo poco que se nos dice de él en los evangelios. Por el contrario de lo que podría parecer, José no tiene miedo a acoger a María porque se haya quedado embarazada estando casado con ella, sino porque es consciente de la presencia de Dios en ella, porque el evagelista ya nos había informado que José había aceptado que Jesús era hijo de Dios. El miedo de José es por entrar en relación con Dios, por no saber qué nombre poner a Jesús puesto que él no era el verdadero padre.

No deja de sorprender que una vez tomada la decisión, Dios quiera confirmarla, José tiene que tomar su decisión, como vulgarmente se dice “a pelo”, sin ayuda. Pero Dios quiere que José no se sienta solo. Lo mismo hace con nosotros, puede que nos equivoquemos, nos deja libertad, pero cuando tomamos las decisiones adecuadas, Dios acaba confirmándonoslas, con felicidad. Dios quiere que seamos felices y libres, sería más fácil obligarnos a hacer lo adecuado. Pero nos quiere libres. En esencia el texto nos habla de confianza en Dios y de libertad. 

¿Cómo ejercemos esa libertad, queriendo fiándonos de Dios o de nosotros mismos?

El próximo 4 de diciembre celebramos el 2º Domingo de Adviento y leemos Mateo 3, 1-12. El texto recoge el momento en el que Juan está predicando en el desierto y anuncia la llegada de quien, detrás de él bautizará con Espíritu Santo y fuego. El evangelista nos plantea la necesidad que todos tenemos de convertirnos.

Muchos podríamos preguntarnos, qué necesidad tenemos de estar permanentemente en conversión, cuaresma tras adviento y año tras año. La conversión es un proceso que tenemos que revivir. Igual que desde que nacemos hasta que morimos, evolucionamos. De la misma forma, conforme avanzamos en nuestra fe, como cuando avanzamos en una relación vamos conociendo a la otra persona, vamos cambiando nuestra comprensión del otro, le conocemos mejor, nos relacionamos mejor, sabemos lo que piensa. Del mismo modo la conversión supone esa profundización en la relación. La conversión no es un cambio radical es un proceso largo, los cambios milagrosos no son frecuentes. Lo más habitual es que cada uno de nosotros, vayamos cambiando poco a poco, día a día.

Luego está el tema del auténtico cambio, lo que Juan, critica en los que se creen con derecho a salvarse, es precisamente eso… que se crean con derecho. Nadie tenemos derecho a recibir regalos, quienes nos los dan nos los dan liberrimamente. La salvación es un regalo, no tenemos derecho a ella y siempre que nos creemos con derecho a ella, estamos perdiendo ese regalo. Dios se abre camino, no necesita que nos creamos con derechos sino que nuestros corazones se transformen, se vuelvan hacia Él. Los hechos pueden ser los mismos, pero nuestra actitud no. A mis chicos les digo, que uno se puede acercar a otro a darle un beso porque le quiere o porque quiere pisarle el cayo. Lo que cuenta es la intención de nuestro corazón.

¿Te crees conderecho a la salvación? ¿Qué hay en tu corazón?

twitter

Síguenos en twitter

 

facebook